100 años que también son vuestros

Hace casi cien años, dos médicos de Barcelona, Joaquim Abelló y Ferran Rosell, imaginaron una forma distinta de cuidar la salud de las familias. Querían hacer posible una atención sanitaria humana, cercana y de calidad, al alcance de más personas.
De aquella idea nació, en 1927, Atlàntida, una aseguradora médica pionera en Barcelona. Desde entonces, muchas cosas han cambiado. También nosotros. Atlàntida ha crecido, ha incorporado nuevos servicios y ha ampliado su manera de acompañar las personas.
Hemos crecido porque las necesidades de las personas cambian también a lo largo de la vida. Y porque cuidar no significa siempre lo mismo. A veces es una visita médica. Otras, una mano que acompaña. Un profesional que conoce tu nombre. Una familia que confía. Una persona mayor que se siente atendida. O alguien que encuentra respuesta cuando más la necesita.
Esta manera de cuidar es, probablemente, el hilo que une toda nuestra historia.
Por eso, cuando reflexionamos sobre estos casi cien años, no pensamos solo en fechas, cifras o servicios. Pensamos sobre todo en personas.
En las familias que confiaron en Atlàntida cuando apenas empezaba y en todas las que se han ido sumando con los años. Algunas ya forman parte de nuestra historia desde hace cuatro generaciones: abuelos que nos confiaron la salud de sus hijos y nietos que hoy nos confían la de los suyos.
Pensamos también en los profesionales que, cada día, hacen posible esta manera de cuidar. A la consulta, en la clínica, a la residencia o a casa. Personas que escuchan, acompañan, orientan y están. Y en todo el personal que nos ha acompañado a lo largo de todos estos años que, con su compromiso, dedicación y aprecio, ha contribuido a hacer posible lo que somos hoy.

Y pensamos, también, en las tres familias —Abelló, Rabassa y Pueyo— que han estado vinculadas al proyecto desde sus inicios y que han asegurado su continuidad a lo largo de tres generaciones. Una continuidad poco habitual y que ha permitido mantener un modo de hacer muy nuestro: crecer sin perder la proximidad.
Ahora empezamos a celebrar el centenario. Pero antes de empezar, hay una palabra que lo resume todo.
Gracias.
Gracias a las personas que nos habéis elegido. A las que estáis desde hace décadas y a las que acabáis de llegar. A los profesionales que cuidáis cada día. A las familias que habéis mantenido vivo el proyecto. A todas las personas que, de una manera u otra, habéis formado parte de esta historia.
Estos 100 años también son vuestros. Y queremos celebrarlos con vosotros.
